miércoles, 11 de enero de 2012

El Amante De Lady Chatterley por D. H. Lawrence

Obra publicada en Florencia en 1928 y prohibida durante más de 30 años en Inglaterra por ser considerada osbcena. De hecho en la contraportada dice: " Esta obra maestra del erotismo estuvo prohibida en Gran Bretaña hasta 1960." A medida que leía no veía donde estaba eso tan escandaloso y descriptivo, pero después de leer más de la mitad del libro allí apareció la razón de tanto alboroto. Más abajo pongo un fragmento. La verdad es que la sociedad que describe me resulta patética, no soporto esa forma de ver la vida, además de que me es algo muy cansino y fuera de temporada la lucha entre hombres y mujeres, los hombres son así y las mujeres son asado. Me sentí muy identificada con la protagonista en algunos aspectos, es evidente que no en otros. Abajo pongo algunos ejemplos.

Fragmentos:
"Su cuerpo estaba perdiendo significado, se estaba poniendo mate, opaco, con su sustancia carente de expresión. Eso produjo en Connie una inmensa depresión, una sensación de desesperanza. ¿Qué esperanza había en aquel cuerpo? Ya era vieja, vieja a los veintisiete años, sin esplendor ni vida en la carne. Vieja a causa de la desidia y la denegación, sí, la denegación. Las mujeres a la moda mantenían el cuerpo reluciente como delicada porcelana, gracias a las atenciones externas. Nada había dentro de la porcelana. Pero Connie ni siquiera tenía aquel brillo. ¡La vida intelecual! De repente, Connie la odió furiosamente. ¡Era una estafa!"  (Así me siento yo, es tan real...)

"A pesar de todo, Connie empezó a experimentar en lo más profundo de su ser una sensación de injusticia, de que la estafaban. La sensación física de injusticia es peligrosa desde el mismo instante en que nace. Es preciso que tenga una válvula de escape, ya que de lo contrario consume a quien la siente."

"--Escucha, hija mía. Toda mujer debe vivir su vida, o de lo contrario sólo vivirá para arrepentirse de no haber vivido. ¡Es así! ¡Hazme caso!"

"Hacía frío y el hombre tosía. Un frío vientecillo barría el promontorio. Pensó en la mujer. En estos momentos, el hombre hubiera dado cuanto tenía o cuanto llegra a tener con tal de poder abrazar el calor de la mujer, envueltos los dos en una manta, y así dormir. Hubiera dado todas las esperanzas de eternidad, todos los beneficios del pasado, con tal de estar con ella, junto a ella, envueltos en una manta, y dormir, sólo dormir. Parecía que dormir con la mujer en sus brazos fuera su única necesidad."

"Connie dijo a su hermana:
--A mi juicio, estás demasiado consciente de ti en todo momento, con todas las personas a quienes tratas.
--Espero, por lo menos, no tener vocación de esclava.
--Quizá la tengas. Quizá seas esclava de la idea que de ti misma te has formado."

"Somos así. Mediante la fuerza de la voluntad aislamos el conocimiento intuitivo interior del reconocimiento consciente. Eso produce un estado de temor o de aprensión que es causa de que el golpe resulte diez veces peor cuando lo recibimos."

"Y era necesario, eternamente necesario, quemar las falsas vergüenzas y fundir la más gruesa escoria del cuerpo para darle pureza. Con el fuego de la sensualidad.
Eso aprendió Connie en aquella corta noche de verano. Antes hubiera dicho que una mujer hubiera muerto de vergüenza al vivir aquello. Pero la verdad era que la vergüenza fue lo que murió. La vergüenza, que es miedo, la profunda vergüenza orgánica, el viejo, muy viejo, miedo físico que se agazapa en nuestras raíces corporales, y que sólo se puede ahuyentar con el fuego de la sensualidad, fue al fin provocado y atacado hasta ser expulsado por la fálica persecución efectuada por el hombre, de manera que Connie llegó al mismísimo corazón de la jungla de sí misma. Connie sentía que había llegado al último fondo roqueño de su naturaleza, y que, esencialmente, carecía de vergüenzas. Alcanzó su identidad sensual, desnuda y carente de toda vergüenza. Se sintió triunfante, casi envanecida. ¡Era así! ¡Y así era la vida! ¡Y así era verdaderamente ella! Nada quedaba que ocultar, nada quedaba de que avergonzarse. Connie compartía su esencial desnudez con un hombre, con otro ser humano."

"--¿No crees que la vida se vive sólo para pasar momentos como los de anoche?"

Y aquí algunos ejemplos de... otra forma de escribir para mayores de 18:

"Y, esta vez, el filo del éxtasis de su propia pasión no avasalló a Connie. Yacía con las manos inertes en el cuerpo agitado del hombre, e hiciese Connie lo que hiciera, su espíritu parecía hallarse observante sobre su cabeza, y el movimiento de las caderas del hombre le parecía ridículo, y aquella especie de ansia del pene del hombre para llegar a su crisis de evacuación le parecía una farsa. Sí, aquello era el amor. El amor era aquel ridículo movimiento de bombeo de las nalgas, y el agotamiento del pobre pene, insignificante, pequeño y húmedo. ¡Aquello era el divino amor! Los modernos llevaban razón cuando manifestaban su desprecio hacia aquella actuación. Sí, porque se trataba de una actuación. Y realmente era verdad que, tal como algunos poetas dijeron, el Dios que crió al hombre, forzosamente tuvo que estar dotado de siniestro sentido del humor, al hacerle racional, y sin embargo, obligrle al mismo tiempo a adoptar aquella ridícula postura, e impulsándole con ciego deseo a llevar a efecto aquella actuación ridícula."

"Ahora bien, según lo que la experiencia me ha enseñado, la gran mayoría de las mujeres son de la siguiente manera. Casi todas quieren a un hombre, pero no les gusta la sexualidad, aunque la aceptan como parte de un trato. Las más anticuadas se limitan a tumbarse, quietas, como si tal cosa, y a dejarlo hacer. Luego no quedan resentidas. Estas últimas son las que quieren. Ahora bien, la cosa en sí misma les es indiferente. En realidad, incluso les parece un poco desagradable. Y a muchos hombres, eso les gusta. Yo lo odio. Ahora bien, esa clase de mujeres astutas que son así, fingen que no son así. Fingen que son apasionadas y que gozan. Pero es todo cuento. Es una farsa. Luego están aquellas a quienes les gusta todo, toda clase de caricias y de posturas y de correrse, menos lo natural. Siempre procuran que te corras cuando no estás en el único lugar en que debieras estar cuando te corres. Luego, están las mujeres duras, las que hacen sudar tinta para que se corran y que al fin tienen que correrse por su cuenta, como mi esposa. Sí, ésas quieren ser la parte activa. Luego están las muertas por dentro. Pero muertas, muertas del todo. Y lo saben. Después están esas que la sacan de su interior antes de que realmente te hayas corrido, y, luego, siguen meneando las caderas y retorciéndose hasta que se corren contra tus muslos. Éstas son casi todas lesbianas. Es pasmoso ver lo lesbianas que son las mujeres, consciente o inconscientemente.(Qué gracioso). Yo creo que todas son lesbianas.
Connie le preguntó:
--¿Y te molesta?
--Las mataría. Cuando estoy con una mujer que es lesbiana de veras, me hierve la sangre de ganas de matarla.
--¿Y qué haces?
-- Me voy cuan pronto puedo.
--¿Crees que las lesbianas son peores que los hombres homosexuales?
-- ¡Claro! Sí, porque me han hecho sufrir más. En teoría, no sé si son peores o no. Cuando me encuentro con una lesbiana, tanto si sabe como si no sabe que lo es, lo veo todo rojo. ¡No, no!

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