martes, 13 de diciembre de 2011

No creo en la ley de la atracción porque cuanto más me gusta algo más rápido hago que desaparezca. Que tengo unos pies bonitos y en treinta años no me dí cuenta, el día que digo: pues me gustan mis pies, no tardará mucho en que me pase algo que joda su atractivo, y así con todo. No sé a que extraña ley corresponde esto, quizás a la ley de la atracción inversa, pero es algo ya muy repetitivo en mi vida. Sin embargo todo lo que soñé lo tuve. Pero estaba tan putamente ciega, y no estaba ciega de soberbia, sino de inseguridad. Todo lo que quise ser lo fuí. ¿Me estará pasando ahora lo mismo? ¿Estaré tan confundida como una anoréxica? No creo, ya son demasiadas oportunidades. Hay un dicho que dice algo así como: de una crisis sale una oportunidad, y lo creo, lo creo, cuando miro hacia atrás en el momento en que María me dejó, ¡qué bien estaba! ¡Cuántas cosas tenía por delante! ¡Cuántas cosas pude hacer por mí!, y que quieta me quedé, paralizada, sin mover un músculo, destrozada, sin poder respirar por las mañanas, y 10 meses después apareció Lucía, cuando la ví..., me enamoré, aunque en ese momento no osé usar semejante verbo, pero el paso del tiempo hace que ahora pueda y quiera usarlo. Pero tampoco hice nada, tampoco me ocupé de mi, me quedé ahí contemplándola, día tras día, sin ocuparme de mi misma, sin dar lo que tenía escondido, guardándolo, ¿para quéeeeeeeeee? Caducóóóó. Sin hacer nada llegué hasta donde llegué, no quiero imaginar qué pasaría si pusiera algo de mi parte. Si toda esta mierda que me paraliza fuera algo que pudiera tocar lo rompería en mil pedazos de muchas maneras, de todas las maneras posibles que se me ocurrieran, pero es que siendo como es no sé que carajo hacer para quitármelo de encima. ¿Yoga? ¿Meditación? ¿Drogas?
Siempre el mismo error, se repite y se repite y se repite. Despierta!!!

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