martes, 22 de febrero de 2011

Diez años. Habían pasado diez años, diez años en los cuales creía haber conseguido reprimir, camuflar, enterrar un sentimiento que había estado a punto de enterrarme a mí, un sentimiento que irrumpía una fracción de segundo antes de presentarse. Ese instante detenido en el tiempo en el que todavía crees tener ante ti toda tu vida, tu futuro, todo lo que prometes, cuando todavía imaginas -¿qué era lo que decía mi amiga Key?- que "tienes el mundo a tus pies".
Y luego ves la mano que empuña la pistola. Y luego ocurre. Y luego se acaba. Y luego ya no hay presente, solo pasado y futuro, solo el antes y el después. Solo ese "luego" y ... luego ¿qué?
El Fuego

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