sábado, 25 de diciembre de 2010

Son las 06:11h. Acabo de llegar a casa. Hoy ví a la protagonista de este blog. Después de cenar en familia me fuí a mi local de siempre al que hace mucho tiempo que no voy. Mientras esperábamos en la puerta a que abriera, era la 01:00h, dos amigos, una amiga y yo, (hay que estar pronto porque te quedas sin sitio y desde que Lus dejó de trabajar allí y mi demacramiento ya no tuve más ganas de ir), ví a una pareja que se acercaba, supe que era ella, incluso antes de salir de casa tenía la sensación de que la iba a ver, pero nunca creí que tan pronto. Su novio preguntó si aún estaba cerrado, nos conocemos todos, yo casi ni la miré, pasé de ella, cruzó la calle y se puso detrás, por un momento creí que me iba a decir algo o que me daría un toque como los viejos tiempos, pero se quedó allí sin decir nada, después de tantos años sin verla, años que parecen meses, tenía curiosidad por ver su reacción después de un mensaje estúpido que le envié hace años para quedar, antes por lo menos me saludaba, pero como no la ví a la cara no percibí nada. Mientras esperábamos sentí que un pequeño temblor, intenté disimular, me recorría el cuerpo, hasta que su novio dijo: "¿entramos o qué?". Se quedaron delante, fuí a la barra, pedí lo mío y me senté al fondo, en nuestra mesa de siempre. Ya no la volví a ver, el local estaba tan lleno que ir a la barra era un campo de minas, no sabías si volverías. Había tanta gente, sentada, de pie, y mientras pensaba en lo lleno que estaba el local, el humo, el calor, supe que no había nadie que pudiera compararse a ella, y por un momento me dí cuenta de lo cerca que estuve, de lo fácil que era llegar y pedirle un vinico sólo con la mirada, sin palabras. Y sólo con eso era un poco feliz.   

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