sábado, 21 de agosto de 2010

Me doy asco, superé todos los límites de la mala educación, cuando se traspasa esa línea es difícil dejar un buen recuerdo cuando te vas de este mundo, queda esa escena para perseguirte toda tu vida. Hoy monté un espectáculo en la mesa como casi siempre un sábado a la hora de comer y como siempre mi padre ayuda a que ese espectáculo alcance el más alto nivel. Nos dijimos de todo, pero como son ya tantas las veces que nos dijimos barbaridades ya se convierte en algo, no natural ni de buen gusto, pero que ya no sorprende. Mi odio y mi frustración por mi vida, de la que soy la única culpable por ser la tía más estúpida que conozco, lo proyecto sobre ellos en forma de reproche. El sentirme una cobarde cuando estaba con Rotenmeyer y no tener los huevos de decirles esta es mi novia, desencadenó un degenere de mi personalidad hasta convertirme en una persona llena de ira y rencor y frustración de las que ya no veo salida. Durante toda mi vida sufrí mucho por amor, es algo que me anula completamente, pero el sufrimiento que siento al ver como la Andrea original desaparece y sólo queda mierda en ella no es comparable a ningún dolor sentido anteriormente. Y sobre todo cuando contemplo mi vida y descubro en la distancia todas mis cualidades y toda la felicidad que pude dar y sentir y que por un error de pensamiento hice desaparecer dejando un rastro de mal estar a cualquiera que se acerque a mi lado. Es cierto que tengo una personalidad sensible a ciertos influjos, pero no es excusa para abandonarme a la suerte y nunca tener la fuerza y las ganas de vivir. Ahora cuando ya todo está tan deformado es cuando descubro la belleza de la vida y el dolor se hace aún más grande por no saber aprovechar todas las oportunidades y regalos con los que nací. Cualquier pequeño acto que yo haga influye en todo lo que me rodea de forma inapreciable, no sólo lo que haga yo, sino lo que hace cada persona, y eso es en lo único que creo. Si yo estuviera bien, todo el mundo estaría mejor.

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