lunes, 28 de junio de 2010

Almas Muertas por Nikolái Gógol

Este mes estoy leyendo bastantes libros en comparación con otras veces. Con la lectura me pasa que, o no me apetece leer nada y así me paso meses, ya sea por el cansancio del trabajo o por otras razones que desconozco, o me engancho y no paro. En esta ocasión creo que la culpa la tienen los clásicos, la verdad es que me resultan más entretenidos que la literatura actual. Decidí leerme todos los libros de esta colección, por eso todos tienen la misma portada. No sigo ningún orden, simplememte los miro y el que me de cosita lo cojo. La verdad es que aunque hay libros que nunca leí, los conozco y también a sus autores, pero de Gógol no tenía remota idea de su existencia. Almas Muertas cuenta la historia de Chíchikov, un hombre que recorre diferentes pueblos de Rusia haciéndose con la confianza de la gente importante con el propósito de comprar almas muertas a los terratenientes, que no son otra cosa que los campesinos muertos, con la idea de hacerse rico. A lo largo del libro pasan cosas absurdas, exageradas. Este libro me gustó más de lo que creía. Le faltan capítulos, la obra pretendía estar dividida en tres partes, pero sólo se conserva la primera y algo de la segunda. El autor es el narrador y de vez en cuando se comunica con el lector. En los libros que leí últimamente se presenta a la humanidad como algo repugnante, llena de codicia, sin ningún tipo de escrúpulos, de hecho ningún personaje de este libro me cae bien, a veces yo también pienso que el ser humano me da asco, pero debajo de toda esa negatividad creo en las personas y pienso que la vida es maravillosa y que algún día, no sé cuando, los principios y la verdad ganarán a la corrupción.

Fragmentos:
"Hay gentes que sienten el prurito de hacer daño al prójimo, a veces hasta sin razón alguna. Hay quien, por ejemplo, aún siendo una persona que ocupa un alto puesto, de noble apariencia, con una alta condecoración que luce en el pecho, os estrechará la mano, hablará de vosotros de asuntos profundos que invitan a la meditación, y luego, acto seguido, os jugará una mala pasada ante vuestros ojos. Y os lo jugará como lo haría un simple registrador colegiado, y no como una persona que luce una alta condecoración en el pecho y conversa de asuntos que invitan a la meditación. También Nozdriov poseía ese extraño prurito. Cuanto más intimaba uno con él, antes le jugaba una mala pasada: decía de él las cosas más absurdas que imaginarse pueda, deshacía una boda o una venta, y eso sin pensar siquiera en romper la amistad. Al contrario, si por un azar se volvía a encontrar con él, lo trataba amistosamente y hasta le reprochaba: Eres un miserable, nunca vienes por mi casa."
"El propio señor sabía que mentía, pero no tenía ganas de discutir. Se sentía muy cansado después del viaje. Pidió una cena ligerita, nada más que cochinillo, e inmediatamente se desnudó, se envolvió en las sábanas y se durmió profundamente; se quedó como un leño, y se durmió como únicamente son capaces de dormir los felices mortales que no saben lo que son las hemorroides, ni las pulgas, ni poseen una capacidad intelectual demasiado desarrollada."
"Todos sabían que Nozdriov era un embustero terrible, y no era ningún portento oírle los mayores absurdos. Pero el mortal es así, resulta difícil comprender las causas, pero es así: basta que se ponga en circulación una noticia, por estúpida que sea, basta que sea una novedad, para que la comunique a otro mortal, aunque sólo sea para agregar: ¡Fíjese qué mentira corre por ahí!, y el otro mortal prestará gustosamente oído, aunque después diga él mismo: Sí, es una mentira estúpida, no merece que nadie le preste atención. E inmediatamente irá en busca de un tercer mortal para contárselo y exclamar después con noble indignación: ¡Qué mentira más infame! La cosa circulará por la ciudad entera, todos los mortales, sin dejar uno, la comentarán hasta hartarse y acto seguido dirán que es una estupidez indigna de que se hable de ello."
"Únicamente entonces se dieron cuenta con dolor de que el difunto había tenido alma, aunque por modestia él no la había mostrado nunca."
"Basta encontrar un aspecto estúpido entre diez para que le llamen a uno tonto sin que se piense para nada en los nueve aspectos buenos."

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